Pues que todo el mundo sepa que a mi la navidad no me gusta, es más la odio. La época más hipócrita del año.
Cuando descubrí que papá Noel, si, en mi casa siempre ha venido papá Noel, así podíamos jugar todas las navidades. Cuando descubrí, decía, que era mi madre, todo se fue a la mierda. Por que claro, no es lo mismo pedirle los juguetes que yo quería a ese señor, puesto que se los hacían los duendes, que a mi madre, que tenía que pagarlos… empecé a entender por que si yo pedía… no se, una Barbi, por ejemplo, me traían una Pepi…
Es decir, en mi casa la economía no era muy boyante, así que empecé a mirarle el precio a los juguetes en el catalogo… A pedir lo que me hacía falta… a saber, antes de abrirlo, lo que contenía el paquete… y para colmo, se cambió la tradición de encontrar los regalos bajo el árbol y empezó la de dar los regalos después de la cena de nochebuena… la ilusión, a la mierda, como decía.
Tampoco me gusta la falsa idea de que todo el mundo es feliz en navidad. Me vais a perdonar, pero si yo estoy jodida, me da igual que sea navidad que martes y trece… seguiré jodida. Y si no que se lo digan a todos esos niños que por navidad solo tendrán unos muertos más en la familia, o sea, los niños de Irak, de Palestina, o estos últimos de Argel… por poner un ejemplo.
Que se lo digan a esas personas que aquí mismo, en España, viven bajo el umbral de la pobreza… a ver si en navidad son más felices o están más jodidos aún, viendo todo lo que nunca van a poder tener.
Luego está, también, el tema de los putos villancicos… pues con la de años que llevamos celebrando la navidad ¿No podrían inventarse otros?
Es que estoy hasta los flinflins de los peces que beben, (pa´mi que deben de llevar un pedo ya que pa´que), del camino que lleva a Belén… sis, ese que lleva al valle que la nieve cubrió… (¿nieve? ¿Habla de farla?) o la blanca navidá (o navidad sin blanca… ¿?), hay más… que si las campanas, que si yo me remendaba, que si… en fin, sin comentarios…
Otra cosa que tampoco me gusta es esa manía de que hay que visitar a todo el mundo… con lo insocial que soy yo… Y con lo mal que me cae casi todo el mundo, menos el mio…
Hablemos también de la horterada de los adornos navideños… ese abeto de plástico, lleno a rebosar de espumillón plateao y dorao, esas bolas de mil colores, esos ángeles que parecen que vayan a echarse a cantar (rectifico, seguro que en más de un árbol cantan), esas bombillas de colores, que cuando llega nochevieja ya se han fundido la mitad (o más), esa corona en la puerta… de nuevo, sin comentarios… oh, oh, olvidaba eso tan moderno de colocar en el balcón un papá Noel trepando… ¡la leche!
Y esas cenas/comidas familiares donde siempre se cuentan las mismas anécdotas, año tras año… ¿No os acordáis cuando nosequien tenía dos años y se cayó con el tacataca por las escaleras? Y risa generalizada (esta es muy graciosa y recurrente en mi casa… y si, la del tacataca soy yo… una risa ya os digo)
Y que no se me olvide… los regalos… esos guantes que te vienen grandes… ese fular que nunca te pondrás, por que tu ¡jamás! has usado fular… esa figurita tan garrula que escondes en el último rincón del armario… el último libro de ese autor tan pelmazo, sis, ese que nunca te ha gustado y que criticas a la primera de cambio…
No, si al final, los mejores regalos son los de tu madre, y eso por que antes de navidad te pregunta… Nena, este año ¿Qué quieres que te compre de regalo?
En fin, que no me gusta la navidad.
Ahora, eso si, yo la celebro como la primera… y pongo un árbol hortera, este año hasta belén vamos a poner, y hago todo lo que no me gusta… es lo que tiene tener un niño… Ahora, que sepáis, que estoy apuntándome todas las anécdotas “graciosas”, sis, así cuando el niño sea mayor y traiga a su novia (o su novio, que nunca se sabe), las contaremos para que sienta esa vergüenza tan familiar y costumbrista…
Feliz falsedad





















