Ya esta todo preparado.En el comedor las velas y el mechero a punto.
La mesa baja cubierta con la tela negra y, encima de esta, los objetos alineados y ordenados. A un lado muñequeras, tobilleras, cadenas cuerdas, mosquetones y candados. Al otro lado mi flogger de gatita, la fusta, el látigo. Bajo estos el dildo de cristal, el consolador transparente, el marrón, el arnés y por supuesto la cola de mi perro. A su lado las pinzas, las de tender, las de metal, la correa y el collar. Centradas en la mesa las velas de colores, rojas, azules, blancas… Todo en su lugar.
Del clavo del techo cuelga una cadena. En la mesa alta una manta cubriendo el cristal.
Las sillas en el lugar previsto.
Todo esto preparado mientras mi cuerpo sigue sumergido en el agua aceitada y salada del baño, también preparado para esta ocasión especial.
La cena preparada y servida en la cocina.
Él con el mandil cubriendo su desnudez.
Cuando, después de cenar, entramos en el comedor, enciendo las velas.
Dime que eres mio; Soy tuyo.
Dime que puedo hacer contigo todo lo que quiera; Puedes hacer conmigo todo lo que quieras. Como quieras. Donde quieras. Delante de quien quieras.
Pídeme tu collar; Por favor mi Ama, por favor… ponme mi collar… por favor.
Arrodíllate. A cuatro patas. Como el perro que eres.
Y me siento a horcajadas sobre él. Mis piernas a ambos lados de su cintura. Mi humedad apoyada en su espalda. Rodeo ese cuello que me pertenece con mi collar. Con su collar. La placa con su nombre bien situada en el hueco que divide el cuello de su pecho. Y comienzan las horas muertas.
Y el tiempo se detiene.
Empiezo con las reglas, con las normas, con las consecuencias de no cumplirlas. Continúo con los castigos pendientes.
Uno a uno, todos los segundos que nos damos, nos rodean en lenta procesión.
El olor a sexo, a lujuria, mezclado con las aromáticas velas.
El sonido de tus gemidos, de los golpes, mezclado con la suave música.
Recorro tu cuerpo con caricias, recorro tu cuerpo con el calor de mis velas, con las tiras del cuero que no son más que tu otra piel. Ahora cadenas, ahora cuerdas, ahora mi amor, tú.
Besos robados a una boca suplicante.
Ardores que inundan cuerpos sudorosos.
Noche de amantes mecidos en sus propios deseos.
Encendidos en fantasías de antaño.
En fantasías de ahora o nunca.
La noche deja paso al día.
El ardor a los abrazos.
El fuego a las brasas que nos calientan y alientan.
La fantasía a la realidad de este amor que crece y nunca cesa.























