
Estaba pensando que otra de las razones para que no me guste la navidad es que echo de menos a mi padre... hace algo más de dos años que ya no
está, pero su ausencia sigue ahí... en forma de hueco, de dolor sordo. A veces, andando por la calle, lo veo a lo lejos... me da la impresión que cualquier día giraré una esquina y me lo cruzaré... sonará el teléfono y oiré su voz... sigo sin hacerme a la idea de que ya no está...
Un fragmento del libro más genial que escribió...
Al considerar el polen como espuma, los cipreses se elevarían majestuosos en Utuc, delimitando alineados un sector del cielo para el día y para la noche, y el resto del tiempo el estanque se mantenía en penumbra, conversaciones ahogadas detrás de los insectos, pschs, onditas, lunas anamórficas, y en los repliegues volitan los zánganos a listas amarillas y negras, su grotesco batir y su cabeza-ojo. Érase una vez un gato.
¿Un gato reinando en Utuc, así como Nadie? Es lógico que los jóvenes se amen, en aquel lugar. Las brisas traen inaudibles sonidos que transmiten mensajes. En sus fugaces vuelos consuelan o dan consejos a sus instrumentos de aire. O lloriquean. O montan carros impasibles. O auténticamente odian a las notas que se les escapan. Otras danzan, juegan, según la modulación de los labios; son obedientes, buenas chicas y los mininos no tienen queja. Si de pronto un rincón despide un guiño, la banda se encaramará a las puntas de las batutas. La tierra es de color siena…, los árboles extienden sus raíces, hincan profundamente troncos con ademanes de mimo. Y con las ramas componen sombras chinescas sobre las calles, con recursos que se estrangulan, acercamientos, distensiones de inauditas formas. Sin previo aviso, la luna se refleja dibujando un triángulo obtuso con las regias cabezas que se amaban sobre el estanque, rielando.
He aquí dos grandes jarrones con geráneos y múltiples anillos de los que cuelgan brazos. Un tritón lanzaba agua continuamente. Éranse Gato y Estanque, las ondas se expanden hacía arriba y hacía delante. Considerar el agua, y el agua dentro de más agua, gotas formando piñoncitos, fluyentes, un milagro mineral, visceral, regenerador. ¡Y hete aquí las Roblasambras! Bruñida superficie, aire o quietud. Y si entonces se navega por el cristal de aguas, sobre un fondo que ni difuminado ni fondo, érase una vez visto y para nunca más ver; y si entonces: cierto gurullo se debatía en una agrupación de olas, un rastro sobre la burumballa de espuma imitaba unas nubes, el sol provocaba reflejos que espejueleaban en las copas de los árboles próximos, y por último: conciertos de grillos a la expectativa, danzas infernarles de Omeopuntos, degollinas de la doncellas-azahares y el jugo de limón con cierta brea al que traviesamente llaman, salpicado de sustancias enervantes, Jugo de Diablejo. Sobre las siluetas de papel estaño, espolvorear un estarcido de lacas. Que si los árboles. Que si una casita en el jardín soñado, las líneas a vuela pluma de la ventanas, la parra, el umbral oscuro. Que si las laderas con sus uniformes verdes, sin matices, y algunas copas, las amarillas y lejanas puntas de la cordillera asomando al fondo de las depresiones, el cielo azul cobalto y un brazo o un río o una inundación de peces con lomos azules o un millón de olitas en el plano inferior del marbete: Utuc, cero millas, cero segundos, el marbete pegado al bote de los frutos secos en un anaquel de la cocina.
El cromo está ejecutando con un simplismo de tijeras y tiene delineados los perfiles en los que el corte se aventuró por las filigranas de los macizos rocosos, en el ramaje retorcido y difícil, en las orillas donde los cañaverales ocultan, por defecto de la perspectiva, gran parte del jardín. No obstante, cuando el viento empuja al carrizo a uno y otro lado del caprichoso pentagrama, se entrevén por las hojas, las espigas y los penachos trasgos de una algarabía inusitada: claves, silencias, figuras, intervalos, alteraciones, dobles barras, grupitos, trinos, mordentes…, piezas de arcilla figulina, arriates, rosaledas, una glorieta con su cenador.
-(Toc, toc) ¡el Señor Tretacornio!
-… su señoría…
-Muy Buenas Tardes.
-¡Acerquen el Sillón Del Duque!
-El Excmo. Se descompone.
-¡Rápido con La Bacina!
-¡Acompañen a Su Meato Cantábile!
Que ensayan todos a una en el estanque, pétreos, cupidos, genios, cenéforas en cuclillas, atlantes, sátiros, amorcillos, meones. Un Apice De Sordo reclamaba atención entre los murmullos. La Viuda, Inconsolada Y Triste Princesita De Las Nieves le coreaba, los labios se humedecía.
-(Toc, toc) ¡el Escriba Aquí Presente!
-(Toc, toc) ¡Muy Buenas Noches!
Muy Buenas Noches se equivocaba y en su lugar decía “muy buenas tardes”, desapareciendo a medida que pronunciaba. En cambio
-(Toc, toc) – apareció - ¡Muy Buenos Días!
equivocándose a su vez para decir “muy buenas noches”. El Escriba anotó el percance. Expresamos Nuestro Deseo era un grupo portador de pancarta, muy compuesto y con levita, reivindicando un lugar bajo el sol, o la luna, o el cielo encapotado, no importaba, incluso una madriguera de topos, incluso un ojo de cerradura, eran mirones de oficio, exhibían sin pudor sus ojos erectos excitados, lanzaban gruñidos acompañándose de zambombas y tapaderas de cacerolas a modo de platillos. Alguno golpeaba un caldero imitando un gong.
-(Toc, toc) ¡la Excusa Del Señor Nariz!
La tal era un largo soliloquio de infinitos eludiéndose. El Escriba Aquí Presente volvía a pasar taciturno y sutil, así como Muy Buenas Noches, totalmente restablecido. Su Constancia Lo Alaba y Una Copita De Más hablaban del Señor Tiempo con sus largos bigotes que ya comenzaban a blanquearse. Los Largos Bigotes pasaron así a ser un tema de conversación en el baile de disfraces tan intrascendente como cualquier otro.
-(Toc, toc) ¡el Señor Atención!
-(Toc, toc) ¡el Número Siguiente!
-(Toc, toc) ¡Un Hada Buena!
Mejor dicho, como verá, se trataba de Dos:
-Yo soy el Hada Thalitha.
-El Hada Thalitha soy yo.
-(Toc, toc) ¡insinnúmeroenanitos!
La Bronca Que Se Arma procuraba sustraerse a las miradas escondiéndose tras el tritón con su conjunto de alborotadores. Ese Alegre y Que Todo Se Resuelva Con Una Copita De Más intervinieron acerca del Señor Clarinete Bajo. Tretacornio les miraba ensimismado, apenas despierto e incrédulo gato, apenas repuesto, apenas creyendo, apenas siendo, apenas niendo, apenas sinniendo. Y Colorín Colorado Este Cuento Se Ha Acabado en su gesto de fin se fingía hermafrodita en un espejo cuando a su espalda transcurrían pensamientos y conversaciones y miradas y manos. [...]